The Red Strings Club: la nueva ética depende de nosotros

Crítica de The Red Strings Club… pero es inherentemente claro a la hora de decirnos que lo que hemos hablado, escogido y jugado tendrá unas consecuencias que no siempre nos gustarán. Parece la premisa de mil y un juegos, pero no obstante, en este caso se añade un toque filosófico por aquí y de ética por allá que te llevará a replantearte más de una cuestión sobre tu vida cotidiana. A través de los tres personajes principales (Donovan, el camarero, Brandeis, el hacker y Akara, la IA fugada) sabemos que tenemos que estar atentos a cada detalle, porque cada cosita, cuenta.

Y cuenta porque Akara nos hace un cuestionario cada vez que un cliente de nuestro bar, el The Red Strings Club, se marcha. Nos pregunta si desde nuestra perspectiva de camarero y broker de información, hemos sentido si la persona atendida sentía atracción sexual por nosotros o si pensamos que es un psicópata. El juego va más allá cuando nos plantea temas como los que giran alrededor del marketing (¿es este perverso?) o si una corporación, como en este caso Supercontinent Ltd, que está desarrollando un software que funciona a través de implantes (haciendo una alusión a la cirugía plástica) y que nos permitiría deshacernos de la ansiedad, el miedo o la depresión, está haciendo o no lo correcto.

La obra se hace aún más profunda a medida que avanza, porque no solo se queda en la superficie de lanzar preguntas acerca de lo que hemos observado, sino que indaga en las profundidades de nuestras convicciones y las evalúa, gracias al juego de preguntas, respuestas y aciertos o fallos entre Akara y Donovan, sintiéndonos mal si fallamos más de tres veces y realizándonos si damos en el blanco en siete ocasiones o más.

Crítica de The Red Strings Club

A pesar de que el título hace de la experiencia algo especial, se conoce desde el primer minuto el final: un Brandeis que cae desde lo alto de un edificio haciendo una alegoría a Mad Men (Matthew Weiner, 2007-2015) que tanto se ha pasado por alto. Y en la parte superior izquierda, verás esos hilos rojos (que entrelazan a una persona con otra invisiblemente según la mitología asiática) que solo tú has unido y que llevarán, inexorablemente, a ese desenlace.

The Red Strings Club habla de algo muy importante y que cada vez está siendo un tema más común dentro de los videojuegos: el impacto de las enfermedades mentales dentro de nuestra sociedad. Por poner un ejemplo, hace veinte años hablar de stress hacía que a más de uno se le achinaran los ojos y te preguntara qué significaba el concepto. Sin embargo, a día de hoy, no hay una persona en el planeta que no sepa lo que significa «estar estresado».

Algo parecido ocurre al hablar de la ansiedad o la depresión. Ambas enfermedades mentales (aunque recordemos que la ansiedad es una emoción, al igual que el asco o el miedo, pero que cuando estas afectan a nuestra vida cotidiana son un trastorno psicológico) son más habituales en la actualidad que nunca, y se debe a un cambio en los paradigmas sociales, laborales y también en los personales. Aprendemos que debemos ser pacientes porque no tenemos cerca a quien queremos al estar en una relación a distancia, entendemos que nuestras metas laborales se quedan lejos de lo que nos prometieron de niños porque la crisis hace que no sea viable pagar una carrera y los amigos lo son solo cuando hay cerca un smartphone para poder compartir por redes que nos estamos tomando unas cañas a pesar de encontrarnos cada dos meses.

La ansiedad por no ser suficiente en un mundo rodeado de seguidores, visitas y ganas de ser el ídolo de turno, hace que la mayoría nos encontremos atascados en una situación poco agradable: la de ser el seguidor y no al que sigan. Ya lo decía Kanye West en una de sus canciones de Yeezus (Roc-A-Fella Records, 2013):

«Ves a los líderes y a sus seguidores. Pero prefiero ser un capullo que un lameculos».

Línea separadora para las citaciones.

Crítica de The Red Strings Club

El impacto de las redes sociales dentro de las mentes de los que estamos todo el día pegados a este fenómeno, forma parte de la temática del juego, y hablamos de casos que podrían ser los que se dan hoy en día: desde una cosplayer que no tiene suficientes seguidores a un hombre que quiere buenos inversores para su proyecto, y nuestro papel en todo ello pasa por operar a dichas personas para permitirles «descansar», ya sea apagando su conciencia social, su sed de poder o su ansía de ser seguidos.

La ética y nuestra forma de moldearla de aquí a unos años, es el único instrumento que nos queda para tener una sociedad mejor. Cualquier persona que haya estado durante estos últimos diez años en internet habrá recibido comentarios negativos o incluso linchamientos a través de comunidades como las de Twitter, donde es común que se mantengan encendidos debates sobre cualquier tema. Sin embargo, en este juego también se indaga en lo que podemos hacer al respecto: ser más consecuentes con nuestros actos y palabras, pensar en un mensaje antes de enviarlo para no hacer daño a otra persona y, sobre todo, ponernos en la piel del otro y averiguar si lo que sabemos de él o ella es verdad o no.

Crítica de The Red Strings ClubInternet ha ejercido de catalizador natural de lo mejor y peor de la población mundial. Podemos encontrarnos con miles de casos sobre abusos, acoso sexual y odio que pueden llevar al suicidio de aquel que se mantiene en el lado contrario, tras la pantalla.  Al fin y al cabo, nuestra conexión de hilos rojos actual es la de un internet que une a todo el mundo y que sin una pequeña muestra de empatía por nuestra parte, será muy difícil de ver con buenos ojos en el futuro si continuamos por este camino.

El jugador está en 2018 y la historia que nos cuenta la obra se posterga a un futuro no demasiado lejano, donde nuestro porvenir está atado a lo que sucede en la gran red. Ver durante demasiado tiempo los anuncios de las revistas, los vídeos de moda o a los artistas populares de toda la vida han hecho que más de una persona quiera parecerse a ellos, sometiéndose al proceso de cambiar su aspecto para sentirse mejor consigo mismas; la cirugía plástica para imitar lo visto en esa publicidad mediática está a la orden del día.

En mi caso, acudo todas las semanas a una clínica donde hago terapia para controlar mi ansiedad, y a mi lado, se sientan (la mayoría mujeres) para arreglar tanto su mente como su cuerpo. Desde operaciones de pecho, labios o culo hasta la búsqueda de la manera para adelgazar (o engordar, como a mí me sucede), intentando que esa voz interior que nos dice que no somos suficientes (y que todos sabemos, se amplía dentro de la sociedad patriarcal que los medios se encargan de acentuar a mal) se calle por un rato. A mí me sirve para saber que cada semana tengo un problema que debo solucionar, y que ello, me llevará a la progresión personal que acabará con mis miedos, con la ansiedad… y en definitiva, a continuar mejorando e intentando llegar a la mejor versión posible de mí misma.

Crítica de The Red Strings Club


Cofundadora de Ludum Post, me has podido leer en Akihabara Blues, en Warclimb, en Terebi Magazine o puntualmente en Presura. Amante del mundo de los videojuegos y de su industria, también siento pasión por la escritura, lo que ha provocado que incluso tenga ensayos y novelas pendientes en el disco duro.


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