A Star Is Born y la deconstrucción del mito

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El debut de Bradley Cooper como director y el de Lady Gaga (llámese también Stefani Joanne Angelina Germanotta) como actriz en la gran pantalla ha dejado muchos simbolismos en las dos horas y veinte minutos de duración de la película que ambos protagonizan. Estamos hablando de la tercera reimaginación de A Star Is Born (Bradley Cooper, 2018), Una estrella ha nacido para el público español, cuya cinta original se publicó en 1937 de la mano de William A. Wellman y cuyas revisiones posteriores fueron lanzadas en 1954 (George Cukor) y 1976 (Frank Pierson). Con esta nueva aproximación se intenta acercar la premisa y temática de siempre a los tiempos actuales: la historia de una camarera rebosante de talento que conoce a un músico de éxito que pasa sus horas bajas en un bar cualquiera.

Jackson Maine podría haber sido el típico estereotipo de cowboy cantante de country, pero lejos de tirar por dichas opciones para su caracterización, el personaje es imbuido de una ternura inusitada: Cooper, a través de sus ojos azules, nos transmite un sentimiento con el que nos dice abiertamente que necesita ayuda y comprensión. Sin embargo, en esa ecuación entra también nuestra empatía con la verdadera protagonista, Ally, que se topa con él en mitad de uno de sus infinitos números musicales, realizados en un entorno cómodo y seguro pero invisible. Tras quitarse las cejas y las pestañas, se descubre a la persona que se esconde detrás de ellas: una hija cuya madre es inexistente y cuyo padre se rodea de sus amigos de toda la vida para no dejar espacio a su hija en su propio hogar.

La camarera es tímida y nunca recurre a Jackson para conseguir la fama. Al contrario: el encuentro dado es casual, una de esas chispas que hacen surgir la llama sin previsión alguna. Hay muchas expresiones y refranes («cuando sea el momento, lo encontrarás», «el amor no se busca, llega») que dan a entender que un contacto inesperado puede servir de fuente para una relación sentimental, y así es como comienza el romance entre ambos. Y hasta aquí puedo contar, pues el resto de este artículo vira hacia otra materia: la deconstrucción del mito. Este término (la deconstrucción), «consiste en mostrar cómo se ha construido un concepto cualquiera a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, mostrando que lo claro y evidente dista de serlo». Es decir, que el film hace referencia y acude continuamente a hechos reales, a una historia que algunos conocemos.

A Star Is Born y la deconstrucción del mito

Lady Gaga consolidó su papel hace ya diez años, convirtiéndose en una estrella del pop de la noche a la mañana gracias a éxitos como Poker Face, Bad Romance o el archiconocido (y odiado por muchos) Alejandro. Cuatro años después de su bum en la industria, Gaga se lesiona la cadera tras repetidas rutinas de baile durante sus giras mundiales. Tras un tiempo de recuperación y un año de silencio (donde únicamente era vista en las alfombras rojas y en las promociones de productos), la joven lanza otro disco acogido fríamente y a partir del cual decide girar su rumbo. En ese momento, se alía con el gran Tony Bennet, graba un albúm de Jazz (que aleja a sus fans procedentes del pop) y canta en la gala de los Oscar con una voz impresionante, nunca antes escuchada por su parte. Tras ello, actúa en American Horror Story como la villana de la quinta temporada y publica un último trabajo mucho más cercano al country y al intimismo, contrarrestando la imagen de la que siempre había hecho gala. Durante 2017 publica el documental Five Foot Two (haciendo mención a su estatura de 157 centímetros) y en 2018 se sumerge en A Star Is Born, proyecto audiovisual que quizá le brinde una estatuilla dorada.

La carrera de Lady Gaga y la de Ally son bastante similares, y si comparamos ambos recorridos (el real y el ficticio) podemos darnos cuenta de varios paralelismos: en cierto momento, Ally marcha de gira con Jackson y recibe «una oferta que no podrá rechazar», la oportunidad de producir un disco en solitario que la catapulte a la cima del mundo del pop. A Stefani le sucede algo parecido cuando, allá por 2007, firma con Interscope Records. Estos paralelismos se perciben también en otros momentos de la obra, como cuando Ally acude a Saturday Night Live, lugar donde Gaga ha promocionado varios de sus álbumes y por donde cualquier artista novel que quiera hacerse un nombre pasará sí o sí. En esta escena de la película, además, Jackson charla entre bastidores con su hermano y ex-representante, a quién comenta sus dudas acerca del nuevo proyecto de su ya pareja (uno centrado en canciones pegadizas pero repetitivas y alejadas de la anterior etapa) y cuya conversación termina con un «quiero volver a lo que teníamos». Esa petición parece ser un reflejo de la que se auto realizó Lady Gaga en 2016 escribiendo Joanne, donde compone e interpreta un disco que sabe que no le dará el éxito en las radios pero que sí la consuela como artista, profundizando en su carrera de diferentes maneras.

Así pues, Bradley Cooper ha querido extraer todo lo posible de la vida real de la cantante americana para aplicarlo en su cinta: su explosión inicial y su actual condición de mujer multidisciplinar a la que nada parece salirle mal. El director desentraña cómo se ha desarrollado lo que ahora todos conocemos de la cantante: las estéticas, las canciones y los bailes que la han llevado a ser quien es en la actualidad. El mito, deconstruido para el deleite de los demás. El análisis es obvio para cualquier fan de la artista.

A Star Is Born y la deconstrucción del mito

Viendo A Star Is Born, se descubren guiños que solo quienes hayan realizado un seguimiento concienzudo de la trayectoria de la artista podrán captar al vuelo. Cuando Ally canta Always Remember Us This Way junto a un piano, podemos irnos mentalmente a la época en la que Lady Gaga cantaba junto a Lady Starlight, con su melena y su flequillo al viento, con menos trajes y maquillajes que nunca. Cuando la vemos bailar en ese falso Saturday Night Live, su vestuario nos recuerda a una portada de la Rolling Stone de 2011, cuando solía llevar esa línea estética tan única durante la promoción de su trabajo Born This Way (2011).

Stefani consigue aquí bordar su mejor papel como actriz, y Cooper sabe que el uso de referencias visuales conocidas y de retazos de su vida son el mejor camino para explotar su talento. Así pues, la lleva a los lugares por los que siempre ha estado (los escenarios, cabarets y camerinos), para que pueda conectar al instante con el personaje al que ha de dar vida. Esto, a su vez, provoca una sensación de familiaridad y síntesis en el espectador, pues estamos viendo, a un ritmo acelerado, lo que ya hemos conocido a lo largo de los años. De todo esto, de una película con un montaje frenético, sacamos que el mundo de la industria musical se nutre, no solo ya de nuestra consciencia colectiva, sino de la construcción que la misma hace de cada artista.

Desde los pasos a géneros más comerciales y rentables, a la ausencia de potencial en según qué áreas, a la voz que cambia para adecuarse a diferentes composiciones o hasta la pérdida de identidad por lo que dicta la publicidad, el marketing y las modas, acudimos a una reflexión en forma de película que genera mensajes más profundos de los que se pensaban en primera instancia, y que puede funcionar como una buena manera de construir a alguien desde su deconstrucción: desde las pequeñas piezas que forman un puzzle, y del puzzle convertido solo en piezas.

A Star Is Born y la deconstrucción del mito


Cofundadora de Ludum Post. Autora del ensayo La disonancia ludonarrativa en los videojuegos. Escritora empedernida.


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